NO TIME.

LOS QUE SE QUEDAN POR AQUÍ

jueves, 13 de febrero de 2014

Vuelta.

Observo las horas del reloj, meditando donde está el problema, cuál es el engranaje que
sustituye a esa sonrisa imaginaria que está donde no tiene que estar. Por mucho esfuerzo que ponga en arreglar ésta fisura, la soledad se ha quedado parada en las 6.15, y vaya ya es medianoche otra vez guardando en una bolsa las lágrimas que se me han ido perdiendo por el parque. No entiendo porqué el reloj sigue funcionando, si hace meses que mi cabeza se quedó sin pilas. 
Quiero referirme a eso de poner la alarma, y que las gotas que se deslizan por mi ventana se paren, que vengan a tocarme y me digan que hoy es día de “te quieros”, que son las 6.15 pasadas y la alarma ya ha sonado, que es hora de tirar a la basura la bolsa de lágrimas y sacar de paseo a mi sonrisa, que ya se ha cansado de estar en el sofá. No quiero más relojes, porque todos se me rompen, ni más paquetes de pilas sin abrir. El cargador del corazón se ha estropeado, y debería estar sin batería, pero vaya otra vez, sigue latiendo, y no sé porqué.
He llegado a la conclusión de que hay un cable interno que conecta el corazón con la cabeza, que tiene un interruptor que por alguna razón se ha encendido, y ha hecho que tire todos mis relojes.